Sobre la Educación en nuestros tiempos.

Al referirnos a la Educación, es necesario tomar en especial consideración que la misma requiere de una amplia explicación. Se considera la Educación desde el punto de vista relativo a la forma en que fuimos formados durante nuestra crianza; se considera desde nuestro propio comportamiento social; y se considera desde la perspectiva académica. No obstante, estos tres aspectos más bien describen la formación integral del ser humano, y no necesariamente su Educación como tal.
La Educación es el motor que impulsa nuestra formación integral, pues ésta representa nuestra propia concepción de la vida, quedando de parte nuestra el concebirla tan exactamente como nos es posible. La Educación implica hacernos nuestras propias preguntas y encontrar nuestras propias respuestas. Nuestra formación integral nos lleva al Conocimiento, pero nuestra Educación nos lleva a la Sabiduría. La Formación Integral fomenta en el hombre su Intelectualidad, pero la Educación fomenta en él su Funcionalidad como ser humano. ¿Existe acaso la integridad sin un propósito claramente trazado? ¿Es acaso fecunda la Intelectualidad sin su debido valor utilitario? A este respecto, contemplemos que el individuo ejemplar es, por excelencia, un ser tanto intelectual como funcional. Tal es el secreto de la moral y las buenas costumbres. Gracias a la Educación, sabemos que nuestra formación debe estar orientada hacia la idónea compenetración con nuestros Hermanos. Eso se llama empatía, y sin ella, mejor será que ni siquiera hablemos del roce social.

Por su carácter intelectual, la formación integral se basa en nuestros principios personales, nuestra instrucción académica, y nuestro comportamiento personal. Nuestros principios personales son aquellos que se aprenden en el hogar; son las leyes inmutables sobre las cuales nos regimos como integrantes del conglomerado humano. Nuestra instrucción académica comprende los estudios que hacemos, y la importancia de éstos es tal que, en una parte harto considerable, nos llevan no sólo a consolidar nuestra vida profesional, sino a comprender y a satisfacer las necesidades más prácticas de la vida. Nuestro comportamiento personal nos permite saber que que es en nuestra propia persona donde prevalece esa necesidad de integrarnos, de una u otra forma, al conglomerado social. Hablamos entonces del Conocimiento para la mente y el cuerpo.
Así, pues, por su carácter funcional, la educación como tal, filosóficamente hablando, se basa en el entendimiento, la comprensión y la iluminación. El entendimiento nos revela la razón de ser de los principios que adaptamos a nuestras vidas, orientándonos por lo que juzgamos como la Virtud. La comprensión nos revela el por qué de nuestra instrucción académica, el sentido real que ésta representa para nuestro propósito de vida. Y la iluminación nos lleva a asumir, de forma correspondiente a la moral y las buenas costumbres, nuestro papel como seres sociales y políticos en cuanto a nuestro comportamiento personal se refiere. Hablamos entonces de la Sabiduría para el Espíritu y para el Alma.
Vale destacar que, según mi criterio, ningún Conocimiento tiene fuerza sin el impulso de la Sabiduría. De nada me servirá conocer las cosas si no llevo a la aplicación práctica el conocimiento de éstas. En consecuencia, podemos conocer múltiples aspectos de la vida, no obstante, ello no nos garantiza que hayamos descubierto el sentido de la misma; si así fuera, no habría en este mundo tantos Hermanos y Hermanas insatisfechos con sus propias vidas.


El hexagrama representativo que aquí expongo refleja, según mi concepción analítica, que al Hombre Superior lo identifican seis cualidades particulares: Las de su intelectualidad, que son los principios, el estudio y la conducta; y las de su funcionalidad, que son el entendimiento, la comprensión y la iluminación. De esta forma, pienso que el Hombre Superior establece el equilibrio ideal entre su naturaleza material y su naturaleza espiritual. A todas estas, expongo en el triángulo representativo que la integridad del Hombre está conformada por su Intelectualidad, su Funcionalidad y su Civilización. Quien se ilustra de verdad, sabe poner en práctica lo que aprende, y va superándose tanto en su aspecto individual como en su aspecto social. Que quepa entonces reforzar que la Verdadera Superioridad del Hombre se basa en su Integridad, la cual a su vez acusa sus virtudes como ente social y personal.
El Hombre superior busca sus respuestas en sí mismo; y el Hombre Inferior las busca en los demás, según las enseñanzas de Confucio. Tan cierta considero esta aseveración, que podemos demostrar que el Hombre Íntegro es un Ser Superior, caso contrario al Hombre No-Íntegro, que es un Ser Inferior. No es de mi interés hacer uso de expresiones peyorativas, pero los actuales desequilibrios sociales son, a mi modo de ver, el fruto de la siembra de seres inferiores, ya que no sólo es evidente la falta de integridad, sino que continuamente se están gestando factores que atentan contra toda integridad humana.
Por ejemplo, hablando del ámbito educativo, nos daremos cuenta de que éste deja mucho que desear. Es de hacer notar que la gran mayoría de las instituciones de educación infantil, primaria, secundaria y universitaria son como enfermos desahuciados: no ofrecen la menor esperanza de salvación. No pretendo con estas palabras ser pesimista, sino que quiero decir que tales instituciones ya carecen de armas para formar a Verdaderos Ciudadanos del Mundo. Tienen los recursos, o parte de ellos, para la Formación Integral, pero carecen de los recursos para la Educación. Lamentablemente, la inmensa mayoría de quienes conforman las instituciones educativas, disponen tan sólo de Formación Integral sin el soporte de la Educación. No pueden impartir la Educación, pues ellos mismos carecen de ella. Nadie puede dar lo que no tiene.

Cuando nuestros principios carecen de la solidez necesaria, asumimos las responsabilidades que nos conciernen como un fardo del que hay que dshacerse tarde o temprano, y por ello terminamos obrando con hipocresía ante el mundo. Por este motivo he visto cómo jóvenes de secundaria asumen sus deberes para con el estudio. He visto el desinterés y la baja calidad con que elaboran sus trabajos de estudio; hacen a medias sus tareas y por salir del paso; no respetan a sus mayores por vivir en una sociedad que les hace creer que cuentan con infinitos derechos y ningún deber que cumplir. No poseen sentido de la responsabilidad, pues no ha habido quien se los inculcase en su tierna infancia y de parte de ellos no hay voluntad para ello. No tienen cualidades de ciudadadnos ejemplares, pues desconocen la manera e importancia de cultivar la Virtud, el Altruismo y la Honestidad. Desgraciadamente, ellos son el reflejo de un mundo que se mueve por inercia; no hacen más que copiar lo que han visto a lo largo de sus cortas vidas. Por ende, estas son señales evidentes de que la Educación en nuestros tiempos está en la más deplorable de las condiciones.

Es preciso que comprendamos que no habrá la Sociedad Perfecta, no habrá el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra, si no nos esforzamos en renovar nuestros Corazones. No falta quien nos hable de villas y castillas en cuanto al tema de la fe, pero no tenemos más forma de manifestar lo que somos si no es a través de nuestras obras. Nunca olvidemos que el Verdadero Conocimiento es aquel que está guiado por la Sabiduría. Sólo así puede servirnos para vivir y para ser...
"Quien estudia, conoce; quien se dispone a estudiar con un propósito elevado, sabe. Estudia entonces y sabe bien por qué motivo lo haces. Sólo así manifestarás y asumirás la dirección de tu propia vida."
Se despide con un abrazo fraternal, y con sus mejores deseos de paz profunda,
Nucleus Infinitum







































































































































































































































































